Cinco poemas de “Segundo aire” (inédito)

Vital

Para el árbol, la medida del tiempo
son las hojas caídas.

Para el pájaro, la medida del tiempo
son los cielos surcados.

En cambio, el hombre mide el tiempo en nombres
que, vacíos, ruedan en la memoria.

 

Al cerrar los ojos escucho el respiro de las cosas

Como quien palpa el infinito a cada paso
así camino en la oscuridad
al ritmo acompasado de la respiración del árbol
que fatigado por el verdear de los pájaros
lanza estertores cansados sobre la noche
o el jadeo de esta casa polvorienta
que se resiste  a ser demolida por los recuerdos.

Con los ojos cerrados,
palpando la nada
escucho mi propio jadeo de animal cansado.

 

Canción entre los dientes

Esta pequeña canción
sale de mis labios
pajarillo maravillado que surca otro cielo
se va armando:
rompecabezas de silbidos
como una marabunta ígnea sobre un costado de la tarde
asalta cada poro del viento,
cada tenue instante,
cada leve parpadeo de sol.

Esta canción astilla
rebrota en el vacío de mi carne
enmohecida de semen y luz.

Orificio de alas en la boca
esta canción embrutecida de sangre
circula como una raíz de escama,
como un vuelo de máscaras,
como un árbol sembrado en los ojos,
como una mano palpitante de agua.

Esta canción
soplada en tierra blanda,
parida entre las hojas tibias de la noche.

 

De la muerte

¿Adónde van los cocuyos que llueven de tus dedos?
¿Quién eres hombre de nubes que alumbras con presagios al viento?
¿Qué muerte es la tuya  que remueve la tenue piel del árbol?

Como ciego resplandor  incendias el alba
escuchas la euforia de los insectos
que guardan migajas de cuerpos entre sus patas
violenta oscuridad te espera en tu camino de vuelta
del polvo vienes al polvo regresas
la carne en llamas se confunde con la tierra
quedarás ahí derramado en el confín de la nada.

¿Por qué sueña el hombre hecho polvo con ovejas que lo mastican?
¿Por qué llora luz que no alumbra el universo de cenizas en el que está?

Intentas atrapar el salvaje albor que te despierta
y te das cuenta que estás muerto
inevitablemente muerto
aunque camines sonriente por las calles
y sobre tu rostro se derramen amaneceres
estás muerto como aquel árbol
que ahora es pasto de las termitas.

 

Anochecer

No se llega al alba
sino por el sendero de la noche
Proverbio Náhuatl

 

Ahora que un árbol nublado de musgos
yace sembrado en mis vértebras
parpadeo de fuego viste de escamas la noche
¿qué sabrá mi cuerpo de los colibríes de palabras
que danzan arrebolados en mis dedos?
esta penumbra me camina:
caracol arrastrado en el horizonte de limo
¿quién soy?
¿qué es este río llamarada tajeando mi pecho?

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