Añejos Nidos

Recuerdo,
aquellos cuentos que me echabas
cuando el sueño parecía huirme.

Recuerdo,
aquella taza de chocolate caliente
y el sonido de tu guitarra a media noche.

Recuerdo,
aquellas historias que en mi inocencia
creía sin reproches.

Recuerdo, sí.
¿Y cómo no recordar?
Si tu presencia está más que viva
en mi precaria memoria.

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