BH

Él es una puerta y yo otra.
Algo nos pasa,
pero no hablamos… nadie habla.

Nadie habla
y todos odiamos las barandas sucias,
el Sol quemando los vidrios
(unos polarizados… otros no),
las moscas que se escabullen
y chupan la grasa del cuero cabelludo.

Cincuenta personas duermen,
el resto esperamos con los brazos
colgando por la ventana.

Yo miro un árbol,
él también lo vio… lo sé,
pero no decimos nada…
lo sé porque me miró
con el rabillo de su ojo triste.

1:10, hora de partida,
no sabemos cuándo llegaremos.
Vamos todos solos
y a lo lejos nos mira uno, dos, tres
árboles
y a lo lejos vuela un zanate libre.

A %d blogueros les gusta esto: