«Damas flotantes»: El fantástico mundo de la literatura japonesa escrita por mujeres

Durante la época Heian 平安 (“paz y tranquilidad” en japonés, comprendido dicho período entre los años 794 y 1185 d.C.) las mujeres de corte japonesas vivían en sus palacios llenos de flores y delicias. Confinadas a ver el mundo a través de la ventana o como mucho a disfrutar de él con ciertas restricciones. Envueltas en sus kimonos 着物 de seda, dedicaban parte de su tiempo a la escritura. Nacieron pues hermosos diarios que contenían las intimidades, vivencias, amoríos y versos de dichas mujeres. 

Este apasionante mundo de tinta y papel estaba escrito en hiragana ひらがな ,en su mayor parte, uno de los silabarios japoneses. Se desconoce el autor original de dicho alfabeto, ya que es una simplificación del kanji 漢字, los sinogramas de origen chino que viajaron a Japón estableciéndose en su lenguaje. Pero es bien sabido que las mujeres japonesas lo hicieron suyo y lo modificaron a su gusto. Es por eso que se conoce como Onnade 女手 (mano de mujer). 

Gracias a ellas y su correspondencia amorosa, es que el hiragana está hoy en día en el japonés. Además de ser el silabario iniciático para todos aquellos apasionados por aprender este complejo idioma.

No estaba bien visto que una mujer de la corte escribiera en kanji. Se consideraba un sistema de escritura muy complejo para su intelecto, además de que estaban relegadas de la enseñanza. Es por ello que nació el hiragana y otros sistemas silábicos, que hoy en día están obsoletos.

Aunque hubieron mujeres que lograron conocer, emplear y alcanzar a comprender kanjis en su escritura, como fue le caso de Murasaki Shikibu (c. 978? — c. 1014? d.C.). Poetisa y escritora, se le considera la autora de la quizás primera novela moderna de la historia, titulada Genji Monogatari 源氏物語” (La novela o historia de Genji), que trata la vida y amoríos de un príncipe llamado Genji

«Congelado

de hielo y escarcha,

mi pincel de escribir

no puede expresar

lo inexpresable».

Murasaki Shikibu,  Poemas de amor de Genji Monogatari 源氏物語
Murasaki-Shikibu-composing-Genji-Monogatari.png
“Murasaki Shikibu componiendo Genji Monogatari”, Tosa Mitsuoki, antes de 1691, Metropolitan Museum

Las cortesanas del antiguo Japón también eran aficionadas a transcribir sus pensamientos y emociones a sus bellos diarios. Fueron grandes poetisas, muchas de ellas maestras del waka 和歌 o del haiku 俳句, llegando incluso a ilustrar famosos ukiyo-e 浮世絵

Sei Shōnagon (c. 968 – entre 1000 y 1025 d.C.), fue una poetisa japonesa, autora de una de las obras más importantes de la literatura nipona titulado; Makura no Sōshi 枕草子” (El libro de la almohada). Es una pieza singular y muy original. Se trata de un diario en donde se conservan todos los pensamientos de Sei, además de aforismos, reflexiones y fragmentos de poesía. Todo ello con un toque muy personal, que según muchos recuerdan al posterior arte del ukiyo-e, un mundo de cristal, frágil, flotante y atemporal. 

«Aún si la noche os envolviera

y, engañoso, el cantar del gallo

remedar vos pudierais,

de Osaka la barrera

a nadie franqueará el paso».

 

Sei Shōnagon, Makura no Sōshi 枕草子
“Nieve en el Palacio Imperial, Sei Shōnagon“, Toyohara Chikanobu, 1885, colección privada.

 

«No puedo decidir

cuál es cuál:

El luminoso

ciruelo brotado es

la luna de la noche de primavera».

Izumi Shikibu Nikki
“Izumi Shikibu Komatsuken, 1765, Museum of Fine Arts, Boston

Cabe también mencionar a la gran poetisa de waka,  Ono no Komachi 小野 小町 (aprox. 825–900 d.C.) Está dentro del panteón de los seis mejores poetas waka, también llamados Rokkasen. Sus poemas fueron incluidos dentro de una antología imperial, siendo la única poetisa. Se dice que su estilo es “contenedor de ingenuidad al viejo estilo y delicadeza al mismo tiempo”. 

«¿Este amor es realidad

o sueño?

No lo puedo saber,

cuando ambos, realidad y sueños,

existen sin verdaderamente existir».

Ono no Komachi, tinta de la luna negra
Ono no Komachi”, autor desconocido, c.1700

La literatura de las cortesanas niponas es mágica y dulce. Nos han dejado un humilde legado. Escribieron para sí mismas, en la intimidad de la alcoba. Y de esa intimidad nacieron grandes versos, que por muy lejanos y antiguos que sean, reflejan y expresan a la perfección el latir y sentir del corazón humano. 

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