Cielo al revés (Metafísica de la imagen de “Teresa” soñando el Sur): La poesía de Claudio Archubi

Foto de portada: Louise Castillo

Claudio Archubi (Mar del Plata, Argentina, 1971) Doctor en Física. Trabaja en el IAFE (Instituto de Astronomía y Física del Espacio) y es docente de la Universidad de Buenos Aires. Colabora con revistas literarias del país y del exterior. Ha participado en varios festivales internacionales de poesía en el país y en el exterior. Columnista de poesía en el programa Moebius de la FM: arinfo.com.ar. Mención única de honor en el concurso de poesía de la editorial Ruinas Circulares (2012) y menciones en cuento y poesía (2014). Su libro La casa sin sombra ha sido seleccionado, traducido al inglés y publicado en la antología bilingüe: África vs Latinoamérica. Escritura experimental. (Langaa RPCIG, Camerún, 2017). Publicó “La forma del agua” (cuentos, ed. de la Universidad de La Plata, 2010), “Siete maneras de decir tristeza” (poemas en prosa, Lima, 2011), “Sísifo en el Norte” (poemas en prosa, ed. Ruinas Circulares, Buenos Aires, 2012), “La casa sin sombra” (poema en prosa, Buenos Aires, 2014), “La ciudad vacía” (ed. Trópico Sur, Uruguay, 2015), “La Máquina de las alegorías” (poemas en prosa, ed. Buenos Aires Poetry, Buenos Aires, 2016) y “Arca rota jardín de nadie” (Valparaíso Ediciones, España, 2018). “Del caos a la intensidad: vigencia del poema en prosa en Sudamérica (ed. Hijos de la lluvia, Buenos Aires-Juliaca, 2017).

Claudio Archubi nos presenta su último poemario Cielo al revés (metafísica de la imagen de “Teresa” soñando el Sur), ganador del segundo premio del concurso del Fondo Nacional de las Artes 2019 de Argentina. Este poemario, con un profundo tinte filosófico es un recorrido paralelo al hecho por Dante en su Comedia. Paralelismo que encontramos en la multiplicación de los sinsabores y de las experiencias. Pues la selva oscura se ve reemplazada por una urbe caótica que no se cierra a la capital argentina, sino que se abre a toda ciudad. Un recorrido compuesto por cantos, poemas en prosa y exhortaciones poéticas (sí, encuentro ese novedoso elemento). Porque aquí no es solo un libro personal, sino un libro que se vuelve gemelo al Abro el miedo (Hanan Harawi, 2019) de Teresa Orbegoso. Aquí hay un camino que es similar al que recorre el florentino: el camino de la revelación, del comprender, del entender. La vida, la muerte, dualidades que siempre nos asombran y enmudecen. No hay más que reclamar, porque la muerte nos toca a todos. Sin embargo, le tememos, nos exhorta, nos interpela. Aquí es donde entra la poesía de Claudio para darle voz a esa experiencia personal de acompañamiento, de asombro, de nostalgia. Porque en su lírica, que es una prosa poética, encontramos idas y vueltas. Archubi domina los tiempos sin caer en la tripartita de antítesis-tesis-síntesis. Sino que aboga por aquella profundidad de un revelarse. Lo vemos de inmediato con aquella composición que abre el poemario.

Entrada a la ciudad

Yo, Beatriz*, soy quien te hace caminar; 
vengo del sitio al que volver deseo
(La divina comedia. Dante Alighieri)

Estoy creando la imagen de Teresa. Está enferma.
Pienso: he dado vida. Pero ella dice que está muerta.
Estoy creando la imagen de Teresa. Hago que se mueva poco a poco.
Pienso: debo ayudarla. Pero ella dice: no se puede sanar a una sombra.
Estoy creando la imagen de Teresa. Comienza a moverse y yo con ella.

(Ella ha puesto su cara contra mi cuerpo: en el cuarto frente a la vibrante autopista he sentido el tiempo temblar contra el vidrio he sentido a sus constructores he sentido la velocidad del amor, y lo que una vez declaré mío contemplé cómo crecía en la triple flecha del tiempo cómo se marchitaba golpe tras golpe hasta desaparecer. Toda una noche a través de los años ella y yo en lo que éramos y en lo que seríamos huella tras huella soñamos nuestro tango que tiembla.
Flor pesada este mundo flor vibrante en un cuarto ajeno el florero que cae y la luna que sube sobre los vidrios para iluminar lo que nunca estuvo ahí.

Brillaba tanto que ambos nos apartamos para contemplarlo).

(*Toda imagen puede transmutar: Beatriz o Virgilio cuando el cielo se da vuelta).

Estoy creando la imagen de Teresa: está enferma.
Con los ojos aún cerrados ella dice:

Te perderás en mí.
La aguja de tu pensamiento apuntará al Sur.

Y es aquí donde encontramos aquella figura de la poesía, aquel artilugio: la reinterpretación. Porque aquí, Claudio, no solo describe a Teresa de forma lineal, sino que describe su alma, su sentir, la invoca entre las sombras. No hay una voz mágica que se apodere de Archubi, es la voz de sí mismo que se abre paso mediante las armas poéticas, destrozando el mundo y dándole voz a la experiencia del temor, del miedo, de la enfermedad. Porque en medio de la caótica urbe se necesita del silencio para escucharse. Los pormenores, los susurros, las ideas que jamás mueren.

Sueño el Sur.

La ciudad irrumpe en mi cuerpo como un animal de aguas profundas y tristes: desbordada, sucia y densa (no de plomo, de chapas y cartones húmedos y libros de páginas amarillas que se abren hacia el Norte vi hecha esta ciudad. No de plomo la mano sino la moneda depositada en ella para hundirla*).
Giro la cabeza. Pero el río emerge en los barrios más elegantes.
Nos atraviesa de las maneras más inapropiadas.

Muñecote de la gastada tradición: ¿Por qué me has engañado?
Bailarín de la calle: ¿Por qué me has engañado?

Hemos llegado al paredón del Sur.

Y sea, como si fuera el fin, que el poeta debe refugiarse en sus letras para mantener viva la esperanza. ¿Qué poder poseemos para detener el avance de los miedos, de las angustias, de los sinsabores? Pues queremos retroceder y avanzar las manecillas para disfrutar de los momentos dulces, para escapar de los momentos amargos. Entonces Archubi nos comienza a manipular en su poesía, pero no para jugar con el tiempo, sino para atraparnos en los tiempos que él presenta. Y nos entrega una visión amorosa de la reconstrucción como esperanza.

Estoy creando la imagen de Teresa.  Bajo las vendas brilla el sol.
Abre los ojos y dice:

Estás creándome.
Mi cuerpo es tu mapa.
Pero es mi historia la historia del Sur.

Porque si nos damos cuenta, este recorrido dantesco no es sobre Dios, sino sobre el ser, aquel mágico trascendental metafísico que nos otorga la unicidad en medio de la diversidad. Y Claudio descubre que en medio de este caos urbanístico deberá recomponer el camino de un cuerpo que se desmorona, de Teresa que le habla desde el silencio. Cielo al revés no es solo un poemario de acompañamiento, sino de confrontación y ubicación del YO frente al mundo, frente a la realidad.

Soñamos el Sur.

Constitución: aquí el cielo no está sobre la iglesia, le digo, están las autopistas.

 La ciudad se curva bajo su propio peso como se curva  bajo el peso de los camiones el cemento de los puentes, se anudan los mundos fluyen unos en los otros, se regalan sus demonios que aprovechan para mestizarse antiguos y cansados pero muy rápidos entre la iglesia, la estación y los incontables locales de baratijas.

Constitución: aquí el cielo no está sobre la iglesia, está por todas partes.

Lo ven brillar sobre los charcos sucios los travestis las prostitutas que se preparan para la noche lo ve el niño en la teta luminosa de su madre sentada en una esquina lo ve el borracho tirado en la plaza con los ojos cerrados  e intenta mostrármelo el negro,  reflejado en los relojes que dice que son de oro.

Constitución: viento del deseo* maqueta de la ciudad.
Todo va al cielo a la velocidad de lo nunca pensado al cielo de arriba y al cielo de abajo.
Caminamos hasta escuchar el aleteo de nuevas categorías. ¿O son palomas que se desbandan cuando corre por la plaza el punga?

Ah viejo Adorno, apareciste en el siguiente sueño, decrépito como una  ruina, y ellas te decían: si la Obra es pura totalidad sin síntesis, vení a mamar a Constitución de la partida fuente de la belleza.

Ya que la poesía desintegra y reintegra. ¿Qué somos ante la realidad que juega con nosotros? La explosión de emociones se desliza, suavemente, sobre la piel del enfermo para pegarse en la retina del acompañante. No hay forma de entregar un silencio complejo a una maravilla que se desconoce. La poesía, el sinsabor, la complejidad de las emociones humanas que desdoblan como si fueran fuerzas salvajes que se corrompen. Porque Claudio no escribe poesía para el goce estético, sino que brinda reflexiones de una vida que se vuelve en custodio de otra, que permite rehacer lo que el tiempo consume. No hay complejidades de un silencio que agobie el momento, sino que se presentan como síntesis experimentales de una teoría que logre recomponer. Posiblemente, la poesía sea aquel bálsamo para calmar el dolor.

Estoy creando la imagen de Teresa.
Dama de los apósitos, surge entre gasas, se aleja poco a poco de las cirugías de la mente.
Estoy creando la imagen de Teresa.
Su belleza es infecciosa.
Doy forma a su dolor y ella dice:

Mi cuerpo está herido. Mirá.
Por su herida crece el Sur.

Y quizá, solo así, el poeta pueda reconciliarse consigo: entregándose al mundo. Porque de alguna manera, la poesía nos desdibuja para encontrarnos en manos de lectores. Ellos nos permiten experimentar lo que experimentamos en el dolor y el vivir: la entrega. Y aquí, Claudio hace una ofrenda a Teresa en cuanto deja que la desdibujada presencia del hoy se transforme en el lienzo de un perenne mañana. El tiempo se detiene.

Llorando, trasplantada en lo profundo del Sur.
Ella dice:

Yo soy tu imagen.

Y, como un juego de palabras, el poeta se consume como fuego. Dentro de sí, para sí. Sin embargo, en Cielo al revés, el consumo es de una dualidad que se han protegido de la realidad. De tal forma que la reinterpretación ha funcionado para permitir que el camino de Abro el miedo no sea de una caída sino de una esperenza como lo presenta la poesía de Archubi. Los poemarios de Teresa Orbegoso y Claudio Archubi se vuelven en aquellas alas de Ícaro, alas que alzan vuelo, pero que no se deshacen con el sol.

Soñé con un libro cerrado por la Realidad.
Soñé con mis ojos cerrados por la Realidad.
Soñé con la imagen de Teresa mirando una pared silenciosa.

¿Dónde estuviste? –volvió a preguntar– Soñé que arriba mío pesabas
como la Realidad.

Cielo al revés (Metafísica de la imagen de “Teresa” soñando el sur) (La primera vértebra Editorial, 2019)
Segundo premio del Concurso de Letras, en la categoría Poesía, del Fondo Nacional de las Artes de Argentina.

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