Cortázar eterno: Reseña de “Algunos pameos y otros prosemas”

En 1951 Julio Cortázar se mudó a París, dejando atrás Argentina el país donde creció y vivió gran parte de su juventud. En Europa comenzó a trabajar como traductor y realizó las primeras publicaciones literarias, fue reconocido por sus obras “Bestiario”, “Rayuela” e “Historias de Cronopios y de Famas”. Influenciado por una cierta nostalgia, típica de quien habita por un tiempo Buenos Aires, Cortázar consideraba que la soledad era necesaria para escribir porque solo de esa forma podían surgir las producciones introspectivas. Algo de ello se ve en Algunos pameos y otros prosemas una selección de Ana Becciu, dirigida por Ana María Moix, en la colección de Plaza Janés.

Un poema incompleto, a disposición de quien quiera completarlo; unas lineas dedicadas a un General, al que todos idolatran; alguien que pide no ser perdonado (u olvidado, que para el caso, es lo mismo ), todo convive en “Algunos pameos y otros prosemas”. En la obra se deja entrever a un Cortázar íntimo, distinto de aquel que puede reconocerse en sus cuentos fantásticos, pero no por eso menos creativo y potente.

“La hoguera donde una arde” es, además de una poesía, un juego, o una puerta abierta que invita al lector a completar el texto: “Fue el primero en acusarme de” comienza el escrito en la voz de una mujer que narra un vínculo amoroso y sus intersticios, dando lugar a que los lectores completen con su propia voz la experiencia.

“Se da o no se da, igual los libros que las carreteras” empieza el libro y acaso el amor sea eso, la incertidumbre, un recuerdo, algo efímero o la nada; y acaso también Cortázar intentó plasmarlo en su poesía: “mi voluntad a su fantasma cede/ y prefiere anegarse en tanta ausencia/ donde una nada a esa otra nada nombra”.

La poesía de Julio habla, entre otras cosas, del amor y de la vida, y lo representa con su discurso: incompleto, con saltos, preguntas y a veces vacíos. Pero no son estos los únicos tópicos que encontramos en su escritura. “A un General” es un poema y una crítica a las prácticas que nos rodean y nos hacen olvidar que aquellos a quienes condecoramos o reivindicamos muchas veces tienen la manos sucias. Aunque de a ratos su obra parece esquiva y casi onírica, subyace en ella la interpretación de “lo argentino”, eso que tal vez nunca pudo dejar ir. Es, en sus palabras, “su triste catarata de bolsillo, su inevitable recurrencia”.

La poesía cortazariana es, como su poema “Para leer en forma interrogativa”, un texto que debe leerse entre signos de interrogación, como la vida en sí: “Has vivido / como un golpe en la frente / el instante el jadeo la caída la fuga”, nos dice, o nos pregunta. Su escritura muestra los dientes, muerde y nos recuerda que: “Morder en el amor no es tan…”.

Fragmento de “La hoguera donde arde una”
Le faltará valor para acercar la antorcha a los
Lo hará otro por él mientras desde su casa
La ventana entornada que da sobre la plaza donde
Miraré hasta el final esa ventana mientras
Lo morderé hasta el fin, morder en el amor no es tan

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