El libro de tamar: entrevista a tamara kamenszain, 2018

[Entrevista a Tamara Kamenszain realizada en 2018]

Tamara Kamenszain (Buenos Aires, Argentina, 1947-2021) fue poeta y ensayista, labores que compaginaba impartiendo talleres en diversas universidades de EEUU, Argentina y México. Entre otros galardones, recibió el Premio Lizama Lima de Cuba o el Premio de la Feria del Libro de Buenos Aires (2012) por su Obra Reunida. Su último libro de poesía se titula El libro de los divanes (2015). Con El libro de Tamar interpreta el significado de uno de los poemas que le escribió su ex marido, el también escritor Héctor Libertella. Quince años después de que este lo firmara, la narradora Tamar nos lleva capítulo a capítulo por los versos de dicha poesía, de significado hermético e íntimo, pero que se convierte en universal a ojos del lector.

  • “Hacía tiempo que no me contabas lo que habías soñado/ hacía tiempo que no nos leíamos el uno al otro”. Parece contradictorio que una pareja, dedicados ambos a la escritura, acabe sumergiéndose en el silencio.

Justamente estos versos aluden a los años que habían pasado desde nuestra separación: quince años que distancian la separación de la escritura del libro. Yo diría que son años de un silencio productivo que parece haber sido necesario para que en ese caldo de cultivo y ya más calmados de enojos y reproches varios, se reencontraran los dos discursos que van tejiendo este libro.

  • El libro de Tamar se basa en la interpretación de un texto rescatado firmado por su ex marido, Héctor Libertella. Al realizar este ejercicio literario, ¿está a su vez formando parte de este tallerismo en pareja del que habla en su novela?

En un sentido muy simbólico se podría decir que aunque escribí sobre ese texto encontrado recién 15 años después de la separación y casi diez después de la muerte de mi ex marido, en mi cabeza seguramente operó aquel “tallerismo en pareja” que compartíamos cuando nos mostrábamos nuestros mutuos escritos y esperábamos del otro una devolución. En este caso la devolución va solo en una dirección: yo leo el texto de él y él no el mío pero, además, en vez de compartir con él mi lectura acerca de lo suyo, la comparto con mis lectores.

  • A pesar de la naturaleza íntima del texto, en El libro de Tamar apenas hay trazos que recuerden a la melancolía propia de los escritos que rememoran relaciones pasadas. (Únicamente destaco su alusión a esos ruidos que emergen del techo cuando se topa con “la soledad de la cama matrimonial”).

La verdad es que no quise escribir un libro melancólico al estilo de “todo tiempo pasado fue mejor” ni mucho menos. Obviamente hay momentos rememorativos que toman un poco la cadencia de las letras de tango, que es mi fuente de inspiración cuando abordo lo amoroso. Pero mi interés es siempre -creo que esto sucede en todos mis libros- traer el pasado al presente, no dejarlo estancado en una mistificación del pasado. De hecho termino el libro diciendo “me imagino moviéndome hacia otra vida, otro libro” con lo cual entraría también el futuro.

  • A modo de confesión, he de decir que aunque El libro de Tamar analiza un texto concreto en un contexto igual de concreto, ha logrado transmitir esas sensaciones universales que se manifiestan cuando existe una ruptura en una pareja consolidada, la fotografía de esos “dos cansados espectros/ de algo que habían sido antes”.

Me alegra que el libro haya logrado trasmitir algo con lo que los lectores puedan identificarse. Cuando no se produce eso, debemos pensar que fracasamos, que estamos ante un puro ejercicio confesional. Y dando una vuelta de tuerca más, diría que ni siquiera se necesitaría ser una pareja de escritores para identificarse con los avatares de esta, todas las parejas tienen “tallerismos” que comparten o complicidades de todo tipo que son tan fuertes y simbióticas como las literarias.

  • Siendo autora principalmente de poesía, resulta extraño que no se haya decantado por ese género a la hora de contestar al poema de “Tamar”.

Justamente, como lo explico en el primer capítulo del libro, lo sentí como mi oportunidad para dar mis primeros pasos en la prosa narrativa. Ya que mi ex marido me escribió un poema siendo él narrador, sentí que la única manera de contestar a eso era avanzar en prosa. Dante les pide a los poetas que estén preparados para “partire per prosa” cuando se les solicite dar cuenta de lo que escribieron en el campo de la poesía. Él lo hizo con Vita Nuova, el libro que da cuenta de La divina comedia y, que según Giorgio Agamben, es el libro en el que está en génesis el género novela.

  • Es impactante que el romanticismo de una relación de pareja se condense en el momento en el que Héctor mata a una rata por amor. ¿Hay cierta ironía en esa anécdota?

Sí y no, mi sentimiento al escribirlo fue sincero y por eso creo que sería mejor hablar aquí de “post-ironía” o “ironía sincera”, como llaman los críticos norteamericanos a ciertos textos intimistas que escriben los poetas jóvenes del movimiento Alt-lit (literatura alternativa). Yo no soy ni joven ni norteamericana pero entiendo esa posición del yo lírico en relación a ciertos asuntos cotidianos de la intimidad y la manera de expresarlo. Un modo que suena un tanto naif e irónico a la vez.

  • Usted en su novela parece que juegue a ese “Yo es otro” que cita de Rimbaud: tanto en el poema que transcribe (el perteneciente a “Tango Bar”) como en la semilla de El libro de Tamar, la voz que se escucha es la del otro.  En el primer caso, como ejercicio literal, en el segundo caso, a través de la interpretación de ese poema olvidado.

Aunque hoy, después de tanta experimentación alrededor de la primera persona suena un poco anacrónica, no hay duda que la frase de Rimbaud, “yo es otro”, es indiscutible. Las voces de mi ex, las mías, las de los otros escritores que invoco (Marc Strand, Sharon Olds, los letristas del tango), formamos todos como una sinfonía donde el nombre por el que todos me conocen (Tamara) y mi nombre legal, el de los documentos (Tamar) se unen y se separan de la mano de mi exmarido.

  • Me producen curiosidad las sensaciones que puede experimentar escritor a la hora de enfrentarse a una obra la presente. Ha querido darle un sentido al texto de una voz que ya no está. Parece un ejercicio amargo y doloroso.

Mi sensación ahora no es de dolor sino de alivio, incluso de alegría. Es como haber traspasado por dentro el oscuro túnel de un duelo y salir airosa a la luz. Esa posibilidad de encontrar el camino de salida lo da la escritura, que opera como un fantástico GPS que nos lleva siempre a destino pasando por vericuetos sorprendentes. En este sentido es cierto lo que dice Gilles Deleuze: “el escritor es médico de sí mismo”.

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