La escritura y los usos de la capacidad de leer y escribir en la península íberica

Los lenguajes aún sin descifrar constituyen uno de los acertijos arqueológicos más intrigantes de los iberos, a pesar de que conocemos al menos dos lenguas que aparecen en forma escrita en tres inscripciones, pero éstas siguen desafiando todos los intentos por descifrarlas. Esas lenguas solo han sobrevivido como inscripciones grabadas en losas de piedra, sobre cerámica, en vajillas de plata y en unas pocas láminas de plomo.

           Las lenguas escritas más antiguas que se han descubierto en la Península Ibérica no son las nativas sino la egipcia y la semítica occidental; la primera aparece en los sellos de piedra y en los vasos de alabastro traídos desde Egipto por los comerciantes fenicios durante el siglo VIII y siglos posteriores, y la segunda era la lengua utilizada por los propios fenicios. Los caracteres ibéricos desarrollados bajo estos modelos orientales formaban un sistema de escritura compuesto por veintiocho signos separados, y hacia el final del siglo II veintinueve, que constituían  un sistema semisilábico en el que encontraban todos los valores sonoros que se requerían para representar con exactitud las lenguas indígenas habladas. Estos caracteres derivaban de la escritura fenicia del siglo VIII y, aunque modificadas, las formas de sus letras formaban un sistema de escritura marcadamente semítico en lugar de griego. Además, existían monedas de la época republicana romana con leyendas bilingües en ibérico y en latín. 

           Partiendo de los valores fonéticos de los signos se puede afirmar con seguridad que las lenguas ibéricas no eran indoeuropeas ni tenían relación con ninguna rama céltica. Tampoco existen paralelismos con el etrusco. Sorprendentemente, hay algunos valores fonéticos comunes con la lengua vasca, que en la actualidad solo se habla en los Pirineos occidentales y en zonas cercanas a la cordillera Cantábrica. Estas semejanzas fomentaron la idea de que el vasco moderno derivaba del antiguo ibero, pero esta parodia fracasó estrepitosamente. La lengua ibérica, como la etrusca, constituyen los dos rompecabezas lingüísticos fundamentales de Europa.

La técnica de la escritura:

Los escritos se agrupan en tres grupos principales, todos con el mismo sistema semisilábico de escritura. El sistema del sudoeste es el más antiguo y fue copiado por el del sudeste y por los últimos grupos levantinos, epigráficamente prolíficos, que se extendían desde Alicante hasta Narbona. 

           Los caracteres ibéricos fueron muy empleados hasta el siglo I y su sistema fue adoptado por los celtíberos para escribir una lengua completamente distinta antes de aceptar finalmente el uso del latín a principios de la era cristiana. La escritura del sudoeste fue utilizada de forma parecida al fenicio antiguo, del que derivaba, es decir, para hacer señales de propiedad es la cerámica, en forma de epígrafes inscritos en su superficie, y para las inscripciones funerarias grabadas en la piedra y colocadas encima de las tumbas importantes para que las pudieran ver todos los que por allí pasaban. Estos dos usos de la escritura son obvios y funcionales, lo suficiente para ser copiados por observadores que apenas saben leer y escribir. La escritura más sofisticada, que se empleaba en el comercio y tal vez en la política, sería ocultada y por ellos resultaría difícil de copiar. El sistema sudoccidental, una vez que se hubo terminado su diseño, fue utilizado de modo entusiasta en las estelas funerarias. Los primeros monumentos de la Edad del Bronce muestran al difunto representado por una figura hecha con trazos, rodeado por su carro y sus armas; son figuras bastante toscas, y fueron sustituidas por inscripciones de similar rudeza y tosquedad alrededor del 600 a.C. Estos usos de la escritura son restringidos. No existe ninguno de los alfabetos prácticos, ni inscripciones públicas o indicadores fronterizos, como tampoco la menor sugerencia de que se pusieran por escrito composiciones literarias para conservarlas de un modo permanente, tal como ocurrió en Etruria. 

           El empleo de la escritura para una limitada clase de tareas es un hábito fenicio; los griegos por el contrario, emplearon desde el principio sus técnicas de escritura, de un modo mucho más imaginativo, en todos los aspectos literarios, pues lo fundamental era la conservación de su poesía épica. 

           La escritura ibérica meridional, o sudoriental como a veces se denomina, está más difundida, pero aún así resulta poco conocido. Aunque oculta un lenguaje diferente al utilizado en el sudoeste, es probable que éste se parezca, e incluso sea idéntico, al que se escribía en la zona levantino. La inscripción más antigua y extensa se encuentra en una lámina de plomo procedente del pequeño poblado de la Bastida de les Alcuses. Otras piezas importantes son la placa de plomo encontrada en 1862 en una mina de Gador. 

           La escritura levantina es la escritura ibérica clásica, de la que existe abundante documentación. Los primeros ejemplos datan del 425 a.C., y han sido encontrados en una copa de vino griega, procedente de Ullastret, que lleva el nombre del propietario grabado con caracteres ibéricos en la base. Su uso se difunde ampliamente después del 300 a.C., igual que su empleo en actividades comerciales; el estímulo para ello procede de los comerciantes griegos de Emporion que probablemente mostraron su valor a los pueblos indixetes, sus vecinos de Ullastret. El amplio empleo de mercenarios durante las guerras de Sicilia sería otra oportunidad para importar ideas. Lo importante aquí, como en el sudoeste, es el uso de la escritura realizado por individuos en vez de por comunidades. Son los caudillos individuales los que poseen estelas grabadas; hombres ricos que quieren que sus nombres aparezcan en la cerámica, y que sus objetos de plata lleven asimismo sus nombres y el peso del metal. Y también utilizan la escritura los mercaderes que necesitan llevar una relación permanente de sus tratos comerciales. Con la romanización se produce un cambio importante en estos hábitos. La completa reorganización de las comunidades ibéricas en nuevas formas administrativas persuadió a la comunidad para que utilizara la escritura, en vez de dejarla en manos de un grupo selecto de individuos.

Cartas, inscripciones y grafiti:

En el mundo griego, las notas personales, las cartas y los registros comerciales se escribían sobre papiro, y por ello apenas quedan restos de ellos, aunque en su momento fueron muy comunes. Las planchas de plomo empleadas como base material para la escritura en el Levante ibérico estaban preparadas específicamente para ser utilizadas como soporte, una idea copiada de los griegos, quienes, en sus colonias más lejanas a las que no llegaban los suministros del barato papiro, tuvieron que ingeniar otro soporte para la escritura y encontrar láminas de plomo convenientemente maleables para tal propósito. El plomo es un material fácil de encontrar en las ciudades costeras y abundantes a lo largo de todo el litoral peninsular.

           Como en las demás regiones, los epígrafes sobre cerámica representan con mucho la utilización más común de la escritura, sobre todo en la cerámica griega de mejor calidad. La mayor parte de ellos se refieren a nombres personales y marcas de propiedad. Las placas de plomo, de las que quedan unas treinta, parecen ser un tipo de documento distinto. 

           Los epigrafistas se han dado cuenta rápidamente de una curiosa característica que aparece en estas escrituras regionales: las que proceden de las zonas del sur y del sudoeste están escritas de derecha a izquierda, mientras que en Levante y Cataluña ocurre lo contrario, pues casi siempre están realizadas de izquierda a derecha. Esto sucede también en los textos escritos sobre cerámica o sobre plomo. La datación de esta escritura levantina depende de la fecha de la cerámica sobre la que fue grabada o pintada. Después de la conquista romana se produce un importante cambio en la frecuencia y uso de la escritura ibérica. Se emplea entonces en las leyendas de las monedas emitidas por un amplio número de cecas establecidas en todo el mundo ibérico. Los celtíberos, que sólo adoptaron la acuñación de monedas y la escritura a mediados del siglo II, dieron a ésta una utilización completamente distinta a la que le habían dado sus vecinos anteriormente; no la empleaban en los epígrafes y similares, sino en inscripciones públicas como los salvoconductos y los documentos de hospitalidad, y las placas de bronce que aparecían sobre los edificios y las monedas. Los pueblos ibéricos también experimentaron otros alfabetos. Existen unas cuantas inscripciones procedentes de Murcia y Alicante, datadas en torno al 350-300 a.C., que utilizan el alfabeto jónico simplificado, de sólo dieciséis caracteres, para escribir la lengua ibérica. 

           No hay que olvidar que la Península fue el hogar de muchas lenguas escritas diferentes, incluso durante el siglo VI a.C.: semítica, griega, ibérica y después del 218 a.C., latina. Lo verdaderamente sorprendente es que nos haya llegado tal cantidad de escritura y que estas muestras aumentan con tanta rapidez. 

Bibliografía:

  • R.J.HARRISON. España en los albores de la historia. Editorial Nerea, S.A. 1989.
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